Adolescencia e inteligencia artificial: la ponencia de Jordi Bernabeu en la 10.ª Charla Divulgativa de la Fundación Impulsa
Jordi Bernabeu, psicólogo clínico especializado en salud mental adolescente y coautor del libro Vivir entre pantallas: entender y acompañar a los jóvenes en el mundo digital, fue el ponente de la décima Charla Divulgativa organizada por la Fundación Impulsa.
Bajo el título “Adolescencia e inteligencia artificial: retos educativos en un nuevo contexto digital”, la sesión reunió de forma virtual a familias, docentes, mentores y profesionales de la educación con el objetivo de reflexionar sobre el impacto de la inteligencia artificial en el desarrollo de los jóvenes y adquirir criterios para acompañarlos.
«Seguramente ahora el problema no es el uso, sino con qué criterios queremos que aprendan a utilizarla», afirmó Bernabeu al inicio de su exposición.
La IA como nueva realidad que ya está aquí
Bernabeu situó a la audiencia ante una realidad: los adolescentes están incorporando la inteligencia artificial generativa —ChatGPT, Gemini, copilotos— de forma normalizada en su vida cotidiana, y lo hacen con una intensidad que crece a medida que avanzan de curso y aumenta la exigencia académica. La propuesta de la charla no era responder desde la alarma ni desde la complacencia, sino desde una mirada clínica, prudente y honesta: «partiendo de lo que sabemos, de lo que conocemos y de lo que intuimos».
Para enmarcar el debate, Bernabeu hizo un recorrido por los últimos veinte años de convivencia digital —desde los videojuegos hasta las redes sociales, del móvil a la IA— para defender una idea central: si con el teléfono móvil, que llevamos dos décadas incorporando, todavía no existe consenso científico sobre muchos de sus efectos, debemos abordar la inteligencia artificial con la misma humildad y rigor. Y debemos hacerlo ahora: «estaría bien que ya pudiéramos tener un debate sereno y ponernos las pilas rápidamente».
Tres grandes preocupaciones: pensamiento, confianza y vínculo emocional
A partir de la investigación disponible —todavía incipiente, pero ya significativa—, Bernabeu identificó los principales riesgos que la inteligencia artificial plantea en la etapa adolescente:
- La delegación del pensamiento (cognitive offloading): pedir a la IA aquello que podríamos resolver nosotros mismos nos descarga de esfuerzo, pero puede impedir entrenar principios cognitivos fundamentales. «El problema no es utilizar la IA, sino utilizarla sin haber movilizado antes los principios básicos que necesitaríamos saber hacer por nosotros mismos».
- El sesgo de confianza: cuando las respuestas son fluidas y están bien redactadas, tendemos a aceptarlas sin cuestionarlas. Un texto bien escrito no es necesariamente un texto que responda a lo que se ha pedido, ni que sea fiable.
- El antropomorfismo y el apoyo emocional: la IA cada vez se parece más a una conversación humana. Los estudios muestran que muchos adolescentes la utilizan como espacio de consulta emocional y validan las respuestas que reciben.
«La inteligencia artificial responde, pero no acompaña. Puede aconsejar, pero no puede sustituir la escucha genuina de una persona.»
El gran factor protector: el vínculo humano
Para contextualizar los riesgos, Bernabeu puso sobre la mesa una idea que la investigación en salud mental lleva años reforzando: el principal factor protector ante cualquier dificultad, incluida la digital, es el factor social percibido. No estar solo. Sentirse parte de una historia familiar, escolar, de amistades…
Lo ilustró con un ejemplo: en un estudio cruzado con datos PISA, los chicos y chicas que explicaban que cenaban cada día en familia obtenían, de media, 40 puntos más en las pruebas. No es casual que cenar en familia haga sacar mejores notas, pero sí lo es el mensaje de fondo: un adolescente que se siente parte de una historia, acompañado y estructurado, desarrolla su vida de una forma mucho más consistente. Y, en términos digitales, el gran factor protector tampoco tiene tanto que ver con las normas y los límites como con la calidad de la comunicación y del vínculo.
«Seguramente tiene mucho más valor una buena sobremesa que el hecho de que el domingo toda la familia no disponga de teléfono móvil».
Criterios para un uso que haga pensar, no que piense por ti
La sesión terminó con un conjunto de orientaciones prácticas articuladas alrededor de una idea guía: el reto de la inteligencia artificial es ético, no digital. No se trata de si podremos utilizarla o no, sino de qué capacidades estamos dejando de entrenar y deberíamos conservar como personas.
Algunos de los criterios que propuso:
- Aplicar el síndrome de la hoja en blanco: antes de pedir ayuda a la IA, tener al menos algunas ideas propias estructuradas. Que sea un punto de partida, no un punto de llegada.
- Preguntar en lugar de ordenar: formular la consulta como una cuestión abierta estimula respuestas que hacen pensar, no respuestas que cierran el pensamiento.
- Mantener siempre una mirada crítica sobre el resultado: verificar, contrastar, i poder explicar el procés que hi ha darrere.
- Entender la IA como complemento, mai com a substitut: «quan pel fet de ser online deixem de ser offline, és quan hi ha un problema».
- I sobretot: «disponer siempre de personas a tu alrededor que te hagan pensar, que te hagan sentir parte de una historia». La IA respon dubtes; les persones acompanyen processos.
Con esta décima edición, la Fundación Impulsa celebró una década de Charlas Divulgativas dedicadas a poner sobre la mesa los retos educativos y sociales que afectan directamente a los adolescentes y jóvenes con los que trabajamos. El mensaje de Jordi Bernabeu conecta plenamente con nuestra manera de entender el acompañamiento: desde el conocimiento riguroso, desde la cercanía y siempre con la mirada puesta en el desarrollo integral de los jóvenes.
Desde la Fundación Impulsa agradecemos sinceramente a Jordi Bernabeu su ponencia y a todas las personas asistentes por formar parte, una vez más, de este espacio de reflexión.


