Cero abandono escolar para un futuro con igualdad de oportunidades

La directora general del Alumnado del Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya, Anna Chillida; la directora de Abandono Escolar Prematuro de la Fundación Bofill, Rosalina Alcalde, el director de la escuela de nuevas oportunidades Fundación Albir, Jordi Valldeoriola y la directora de la Fundación Impulsa, Alejandra Manau, explican cómo desde diferentes ámbitos trabajan día a día para reducir el abandono escolar prematuro en Cataluña. 

Más probabilidad de estar en paro, salarios más bajos, menos posibilidades de independizarse, peor salud y, en definitiva, una situación de desventaja en términos de oportunidades laborales y también de desarrollo personal. Así afecta el abandono escolar prematuro (en adelante, AEP) a miles de jóvenes que dejan sus estudios antes de obtener una educación secundaria postobligatoria completa, lo cual se convierte en un fenómeno que provoca la ruptura de trayectorias educativas y de vida de muchos alumnos y afecta también gravemente al desarrollo social y económico del país. Actualmente, Cataluña es la tercera comunidad autónoma con más AEP del Estado español, por detrás de Murcia y de las Islas Baleares.
 

Así lo pone de manifiesto la Encuesta de población activa publicada a finales de enero de 2023, en la que el AEP en Cataluña se sitúa en el 16,9 %, un dato que confirma la directora general del Alumnado del Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya, Anna Chillida: “El abandono escolar prematuro es una preocupación social de primer orden también en el Departamento, porque tiene muchas consecuencias a nivel económico y social para la persona y para el país, y es obvio que es una cuestión que nos ocupa y nos preocupa”. Chillida explica que el Departamento de Educación trabaja para continuar reduciendo el índice de AEP, que ha disminuido en la última década, del 24,2 % de 2012 al 14,8 % de 2022: Se han adoptado medidas de prevención que ayudan a identificar el abandono prematuro del joven y actuar en él. Y también medidas de intervención para dar un recorrido alternativo ante el posible abandono, y de compensación, cuando un alumno se da de baja, para poder ofrecerle una vía de regreso al sistema educativo o una salida profesional”. Estas medidas resultan imprescindibles para cumplir con el objetivo europeo y reducir el abandono por debajo del 9 % para 2030, e implican también poner en marcha de forma urgente actuaciones orientadas específicamente a colectivos más vulnerables, como ya han hecho países como Portugal, Grecia o Irlanda.  

«El abandono escolar prematuro es una preocupación social de primer orden también en el Departamento, porque tiene muchas consecuencias a nivel económico y social para la persona y para el país, y es obvio que es una cuestión que nos ocupa y nos preocupa».

Un reto que persigue incansablemente la Fundación Impulsa. Por ello fue una de las organizaciones convocada a participar en las sesiones de trabajo de la Plataforma Cero Abandono, tal y como explica la directora de Abandono Escolar Prematuro de la Fundación Bofill, Rosalina Alcalde: “La Fundación Impulsa fue una de las primeras entidades que detectamos por el volumen de trabajo que está haciendo y porque trata temas muy afines. Enseguida tuvimos claro que debía estar presente en la Plataforma como agente de presión tanto para visibilizar la tarea que está realizando como para poder aprovecharnos del conocimiento e inspirar acciones y buenas prácticas dentro de la Plataforma”. 

En esta línea, cabe destacar que el Método Impulsa contribuye a evitar el abandono escolar, ya que gracias al apoyo económico y al acompañamiento que se lleva a cabo con los Impulsers, muchos jóvenes con compromiso y motivación, pero en situación de vulnerabilidad socioeconómica, pueden seguir sus estudios. Además, el 80 % de los jóvenes Impulsers terminan los estudios y obtienen un título de Formación Profesional (FP), muy por encima de la media catalana (50 %), un éxito que en gran parte radica en el acompañamiento individualizado. Explica este acompañamiento la directora de la Fundación Impulsa, Alejandra Manau: “Las causas del AEP son multifactoriales, desde la situación socioeconómica de los jóvenes, pasando por el bajo rendimiento académico, el desinterés o la falta de motivación, hasta problemas personales o familiares, entre otros. Conscientes de esta realidad, en nuestro reto de garantizar la igualdad de oportunidades de los jóvenes para que puedan continuar sus estudios, trabajamos para acompañarlos también en todos los aspectos transversales, como la orientación o el hecho de contar con referentes que les guíen en su crecimiento académico, personal y profesional. Asimismo, tenemos claro que es imprescindible un trabajo en red con todos los agentes que contribuyen al desarrollo de los jóvenes. En este sentido, apostamos por la Formación Profesional como itinerario que se adapta a unas necesidades muy concretas de los jóvenes y que, a su vez, les proporciona una salida laboral muy demandada por las empresas”.

«La Formación Profesional […] se adapta a unas necesidades muy concretas de los jóvenes y […] les proporciona una salida laboral muy demandada por las empresas”.  

 Aunque son diversas las actuaciones encaminadas a evitar cronificar y normalizar los niveles de AEP actuales, Cataluña se sitúa al frente del ranking de países europeos, tal y como señala la directora de Abandono Escolar Prematuro de la Fundación Bofill, Rosalina Alcalde: “El abandono escolar es el colofón final de todas las carencias del sistema educativo. Debemos parar y pensar en serio qué modelo educativo estamos ofreciendo a nuestros niños y niñas, porque la situación es preocupante. La parte positiva es haber conseguido visibilizar el problema de la Plataforma Cero Abandono, para evitar que los jóvenes abandonen sus estudios, lo cual puede ayudar a mejorar sus competencias, acabar con la segregación y generar mejores formas de aprendizaje. Sin embargo, para conseguir todo esto, es necesario garantizar la igualdad de oportunidades educativas y el éxito escolar”, afirma. 

«El abandono escolar es el colofón final de todas las carencias del sistema educativo. Debemos parar y pensar en serio qué modelo educativo estamos ofreciendo a nuestros niños y niñas».

 De hecho, una de las medidas importantes impulsadas por esta Plataforma, es la de poder contar en los municipios con datos de AEP, tal y como explica Anna Chillida: “A partir del curso 2023-2024 compartiremos con los municipios los datos del Departamento de Educación, para que estos puedan realizar un seguimiento mucho más cuidadoso con todos los agentes sociales y municipales, y puedan trabajar desde sus servicios complementarios al Departamento. Esto facilitará que el alumno potencialmente abandonador o que ha abandonado pueda reorientar su futuro y que las acciones en esa dirección sean coordinadas y vayan en la misma línea. Creo que el gran cambio imprescindible está en el trabajo en red con el territorio y esta compartición con los municipios puede ser de gran ayuda”.  

 Y es que, según Chillida, una de las claves para reducir el AEP radica en el acompañamiento a los jóvenes: “Pienso que la clave es la orientación personal y que, una vez que los jóvenes se conocen a sí mismos, el sistema pueda dar respuesta a esta orientación también a través de la orientación educativa. De ahí también la importancia de personalizar los itinerarios: deben ver que el sistema educativo los conoce y que les ofrece lo que necesitan. Y, obviamente, aquí la FP y todos los itinerarios complementarios que permiten personalizar y flexibilizar la educación son una gran apuesta. De hecho, por eso en los últimos años también hemos luchado por revertir los prejuicios de estos estudios y la FP es justamente una de las prioridades a revertir en esta legislatura”, asegura. 

Un ejemplo más de este acompañamiento personalizado es el que hace la escuela de nuevas oportunidades Albir, especializada en impulsar actuaciones educativas y profesionalizadoras para personas adolescentes y jóvenes que, por su situación personal y de recorrido, necesitan una alternativa diferenciadora a la enseñanza reglada. Lo explica su director, Jordi Valldeoriola, que pone de manifiesto la importancia de dar respuestas personalizadas a realidades muy diversas “Creo que el abandono escolar prematuro es el principal reto educativo que tiene nuestro país; es necesario reconectar jóvenes que ven severamente comprometida su educabilidad a consecuencia de diversas cuestiones relacionadas con su contexto y que condicionan sus itinerarios formativos. Para combatir esta situación, es necesario elaborar respuestas educativas largas y flexibles como las que dan las escuelas de nuevas oportunidades. Es totalmente fundamental garantizar el éxito educativo de estos chicos y chicas si queremos tener una sociedad cohesionada y próspera; la exclusión educativa se transformará en exclusión laboral y social, y esto es sinónimo de una sociedad desigual y poco equitativa. Las circunstancias de estos jóvenes son muy singulares y no hay ‘recetas mágicas’, sino que es necesario personalizar e individualizar este acompañamiento y la orientación personal y formativa”, sentencia. 

«Es necesario elaborar respuestas educativas largas y flexibles como las que dan las escuelas de nuevas oportunidades. Es totalmente fundamental garantizar el éxito educativo de estos chicos y chicas si queremos tener una sociedad cohesionada y próspera»

El reto al que se enfrenta Cataluña en la reducción del abandono escolar prematuro es mayúsculo, pero actualmente existe un consenso social y político amplio en torno a esta necesidad y la de garantizar que todos los jóvenes tengan las mismas oportunidades de disfrutar de un futuro de calidad. La Fundación Impulsa, con su labor diaria, continuará dando oportunidades de futuro a los jóvenes para que accedan al mundo formativo y laboral en igualdad de condiciones que el resto y, trabajará de forma transversal con otras entidades, organizaciones e instituciones para reducir el AEP, y construir una sociedad mejor para el mañana. 

 

Igualdad de oportunidades en clave de género: rompiendo el techo de cristal antes de chocar con él

La lucha por la igualdad de oportunidades es compartida por muchos sectores sociales y en distintos ámbitos. Desgraciadamente, todavía hay muchas esferas de la vida donde predominan las desigualdades, y la discriminación por razón de género es una de ellas. «El mundo no puede permitirse la pérdida del talento de la mitad de las personas», sentenciaba la física Rosalyn Yalow, y muestra de esta reivindicación que todavía tiene mucho campo por recorrer es el techo de cristal con el que hoy día se topan muchas mujeres. Es una forma más de violencia machista, que llega en edad adulta, pero que se cultiva con el paso del tiempo a través de la adquisición de roles y estereotipos de género. Por lo tanto, es importante tenerla presente desde los diferentes ámbitos desde los que se acompaña a la infancia y la adolescencia. 

Así lo manifiestan entidades que trabajan con jóvenes, como es el caso de la Fundación Impulsa: “Desde la Fundación Impulsa trabajamos para garantizar la igualdad de oportunidades de los jóvenes en el acceso a estudios de ciclos de Formación Profesional, pero a este reto se suman otros que son interseccionales, como por ejemplo el de la brecha digital o el de género. La discriminación por razón de género comienza desde que nacemos y se amplifica con el paso del tiempo”, explica Marta Miró, responsable de Programas de la Fundación Impulsa. En esta línea, cabe destacar el hecho de que, según el estudio Les dones a Catalunya 2022, elaborado por el Instituto Catalán de las Mujeres, en la formación profesional se observa una importante segregación de género en el seno de las diferentes áreas de conocimiento: de forma muy mayoritaria, encontramos mujeres en estudios de imagen personal (89,8%) y de servicios socioculturales y a la comunidad (84,3%), mientras que los hombres se sitúan mayoritariamente en los estudios de informática (88,9%) y en los de transporte y mantenimiento de vehículos (97,1%).  

 

“En la formación profesional se observa una importante segregación de género en el seno de las diferentes áreas de conocimiento”  

 

Con esta situación convive Karen Isabel, estudiante de CFGM de Mecanización, una joven a la que la Fundación Impulsa acompaña a través de la Beca Impulsa: En el ciclo formativo que estoy cursando soy la única chica de 25 alumnos que hay en la clase. En un principio, tanto para mí como para el resto de compañeros fue una situación extraña. El primer día que entré en el aula los chicos se sorprendieron de que fuera la única chica, y a mí se me hacía raro, porque venía de la ESO y allí éramos casi la mitad de clase de chicos y la otra mitad de chicas. Por suerte, solo fue al principio y ahora me siento bien en el aula. Con mis amigas pasó un poco lo mismo: todas han optado por estudios como enfermería o educación, y se sorprendían de que yo quisiera hacer lo que estoy estudiando, pero estoy contenta de que en su momento mi tutor me hablara, porque vi que era un ámbito que me interesaba y me está gustando mucho”, dice. 

 

“En el ciclo formativo que estoy cursando soy la única chica de 25 alumnos que hay en la clase” 

 

Con una realidad similar también convive Violant Batlle, cogerenta y directora financiera de Mugadas: La construcción es un sector totalmente masculino. Por suerte, nunca he topado directamente con el techo de cristal, porque la empresa es familiar. Sin embargo, a lo largo de los años he vivido cómo el trato cambia en función de si quien ocupa el cargo es un hombre o una mujer. De eso hace ya años, pero he oído llamarme ‘cariño’ o que me dieran dos besos por el hecho de ser mujer cuando al hombre se le da un apretón de manos, por ejemplo. El sector está lleno de micromachismos y todavía demasiado a menudo se cosifica a las mujeres”. Una situación que posiblemente radica en que todavía son pocas las mujeres que ocupan cargos de dirección en este sector. Una anomalía que también apunta el mismo estudio elaborado por el Instituto Catalán de las Mujeres, según el cual las ramas de actividad con mayor presencia de mujeres son la sanidad y los servicios sociales (15,7%), la educación (10,9%) y el comercio al por menor (10,8%). Por el contrario, los hombres se dedican mayoritariamente a la construcción (11,6%) y a otros empleos dentro de la industria (9,7%).  

 

“El sector [de la construcción] está lleno de micromachismos y todavía demasiado a menudo se cosifica a las mujeres” 

 

Se trata de unos datos que remarcan que los estereotipos y los roles de género tienen un impacto en la tipología de trabajo que llevan a cabo las mujeres y los hombres, una realidad ante la que el equipo psicopedagógico de la Fundación Impulsa también trabaja para combatir estas desigualdades. Lo explica Miró: “Una de las claves del Método Impulsa es el acompañamiento que hacemos a los jóvenes a través de la figura de las personas mentoras, y por eso a través de estas relaciones también velamos por promover procesos empoderadores que contribuyan a la igualdad, lo cual significa trabajar también la perspectiva de género en las mentorías, proponerles espacios formativos y proporcionarles herramientas y recursos que favorezcan una mentoría social transformadora”, detalla. En esta línea es gratificante escuchar testimonios como el de Karen, que ve el futuro con esperanza y optimismo: “Pienso que, en el fondo, haber optado por unos estudios tan masculinizados jugará a mi favor a la larga, porque, como somos tan pocas las mujeres que nos dedicamos a este ámbito, si encajo con lo que busca la empresa, ser mujer me hará destacar y creo que tendré más oportunidades. Por lo que he ido viendo y escuchando, las mujeres normalmente solemos organizarnos mejor y somos más exigentes y perfeccionistas en el trabajo, y esto se valora positivamente”, asegura. 

 

“Haber optado por unos estudios tan masculinizados jugará a mi favor a la larga»

 

Los espacios de reflexión sobre cuestiones de género son necesarios y útiles tanto para los jóvenes como para los mentores, argumenta Violant Batlle, que también hace de mentora de un joven de la Fundación Impulsa. “El tema de la perspectiva de género es uno de los que tengo claro que debo trabajar con el joven al que acompaño, pero soy consciente de que antes debo abordar a otros, porque sé que no es un aspecto sencillo. Soy consciente de que entre los jóvenes hay mucho machismo; creo que la educación que reciben por parte de las familias en este sentido es muy mejorable. Tenemos una sociedad muy machista y debemos aprender a dejar de aceptar y tolerar conductas que no deberíamos permitir. Yo misma me autocuestiono muchas veces y por eso necesito ver que la relación de mentoría es suficientemente sólida para abordar este tema, porque no sé cómo lo recibirá el joven. Me cuesta ver si determinadas decisiones de los jóvenes se toman desde la libertad o desde la presión social que nos rodea. Por lo tanto, el hecho de disponer de materiales y espacios para reflexionar sobre ellos siempre es de gran ayuda”, dice. 

 

“Tenemos una sociedad muy machista y debemos aprender a dejar de aceptar y tolerar conductas que no deberíamos permitir” 

 

En esta misma línea, un artículo publicado en El Periódico afirma que el 85% del profesorado reclama disponer de materiales educativos para abordar la violencia machista, el 80% exige apoyo especializado en estos temas que ayude a incluirlos en las clases y el 84% pide formación especializada. 

Según el informe de evolución de la brecha salarial de género en Cataluña 2020, la desigualdad salarial sigue siendo una de las manifestaciones más desgarradoras de la discriminación que sufren las mujeres en el mundo del trabajo, además de una de las principales causas del empobrecimiento femenino. Aunque a lo largo de los años este dato ha ido a la baja, las mujeres todavía conviven con una brecha salarial del 19,7%, lo cual supone que las mujeres cobran el 80,3% del salario de los hombres. 

Desde la Fundación Impulsa se trabaja para revertir esta situación, promoviendo la igualdad de oportunidades entre los jóvenes, independientemente de si son chicas o chicos y confiando en su talento para llegar allí donde se lo propongan. 

 

El reto mayúsculo de la salud mental

Profesionales vinculadas con el ámbito de la salud mental como Judith Martínez y Mercè Generó, de Osonament; Tania Casanova, de Ranura y Eva Sánchez, de la Fundación Grup Horitzó del Berguedà nos ayudan a reflexionar sobre la complejidad a la hora de abordar este tema.  

Ansiedad, autolesiones, depresiones, trastornos alimenticios, esquizofrenias y tendencias al aislamiento son solo algunas de las alteraciones de salud mental que hacen sufrir a jóvenes y familias. Los casos aumentan y los recursos son insuficientes. El último informe del Observatorio de los Derechos de la Infancia, con la participación del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, concluye que la sanidad pública no llega a atender ni a la mitad de los trastornos mentales existentes, y tal y como recoge el medio de comunicación Crític en un reportaje sobre juventud y salud mental, los centros de desarrollo infantil y de atención precoz (CDIAP) y los centros de salud mental infantil y juvenil (CSMIJ) están saturados. Falta formación en este ámbito para pediatras y docentes, y también faltan profesionales y nuevas especialidades, las familias se sienten impotentes y la ratio de psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes en Cataluña es de 9, la mitad de la media europea. La probabilidad de sufrir un trastorno mental se ha duplicado en cinco años, incidiendo doblemente en los niños y las clases sociales más vulnerables. De hecho, los datos asistenciales del Hospital Sant Joan de Déu ponen de manifiesto el incremento del 47% de los pacientes atendidos en urgencias por motivos de salud mental en el primer trimestre del año, en comparación con el mismo período de 2020, con un aumento del 27% de las tentativas de suicidio según el programa Código Riesgo Suicidio. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10% y el 20% de los adolescentes experimentan trastornos mentales, la mitad de los cuales se manifiestan antes de los 14 años. 

La probabilidad de sufrir un trastorno mental se ha duplicado en cinco años, incidiendo doblemente en los niños y las clases sociales más vulnerables.  

La responsable del Área de Rehabilitación y Adicciones de Osonament, Judith Martínez también habla de esta realidad y pone de manifiesto los trastornos mentales más frecuentes en la comarca: “De los 106 jóvenes que atendimos el año pasado, los diagnósticos con mayor prevalencia son los trastornos psicóticos, entre los que predomina el de esquizofrenia, los trastornos de conducta, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el trastorno del espectro autista (TEA). A menudo, estos trastornos se presentan acompañados de consumo de sustancias”. La situación alarmante no pasa desapercibida por los propios jóvenes, que hace pocas semanas salían a la calle para reivindicar un aumento de los recursos en salud mental y una mejora de las condiciones sociales. De esta correlación entre salud mental y condiciones sociales, habla la psicopedagoga y psicoterapeuta de Ranura, Tània Casanova: “Hay problemas de salud mental que tienen que ver con injusticias sociales y de contexto social; si la sociedad fuese más igualitaria, todo iría mejor. Los jóvenes sufren y, desde la pandemia, todo se ha hecho más evidente, pero no es únicamente fruto de la pandemia: es un tema social, laboral, de las nuevas tecnologías, del cambio de la definición de la identidad personal combinada con la identidad digital, de la inmediatez… Cuestiones que a los jóvenes les afectan particularmente porque se encuentran en un momento de desarrollo. Falta educación emocional en los centros y personas especializadas que puedan atender esta necesidad, porque el profesorado no está preparado para ello. Hace falta más prevención; actualmente, a los temas de salud mental solo se les atiende cuando la situación ya empieza a ser bastante compleja y, sin embargo, carecen de recursos”, asegura. Que el gasto gubernamental en salud mental en todo el mundo represente el 2,1% del gasto sanitario es un dato suficientemente significativo para darnos cuenta de que todavía hay mucho trabajo por hacer.   

[La salud mental] es un tema social, laboral, de las nuevas tecnologías, del cambio de la definición de la identidad personal combinada con la identidad digital, de la inmediatez… 

Con todo, según apunta la gerente de Osonament, Mercè Generó, parece que las instituciones públicas catalanas se están poniendo las pilas en este ámbito: “Estamos trabajando codo con codo con la Generalitat de Catalunya, que desde hace unos meses, alineando con las recomendaciones de la OMS, desarrolla el Pacto Nacional de Salud Mental para que todas las consejerías se impliquen en este ámbito y se aborde de manera transversal, haciendo un cambio de mirada y poniendo el foco en la prevención por dejar en segundo plano el modelo intervencionista que había hasta ahora”, dice. En esta línea, Casanova sostiene que la salud mental es una cuestión que debe trabajarse desde la base: “Los temas de salud mental tienen que ver cómo se constituye el carácter y cómo nos ayudan a desarrollarnos: las familias tienen bajas de maternidad y paternidad muy cortas, que no permiten realizar una cobertura de la salud mental y de la regulación emocional; si este acompañamiento pudiera realizarse bien, sería una buena prevención, pero en España actualmente no se hace prevención en la primera infancia”.  

“A los temas de salud mental solo se les atiende cuando la situación ya empieza a ser bastante compleja y, sin embargo, carecen de recursos” 

 La correlación entre salud mental y pobreza tiene un papel muy importante a la hora de entender este incremento cualitativo y cuantitativo en cuanto a los trastornos graves y el malestar emocional que afecta a los jóvenes: lo plasma la Encuesta de salud de Cataluña, que pone de relieve el hecho de que los jóvenes que viven en entornos de vulnerabilidad social tienen el doble de riesgo de sufrir un problema de salud mental (13,5%) frente a los de clases más favorecidas (6%). Conscientes de esta realidad, los programas de la Fundación Impulsa prevénel trabajo emocional con los jóvenes para incluir en su experiencia educativa una visión de la salud mental libre de estigmasa través de formaciones en crecimiento personal y gestión de las emociones, así como del acompañamiento del equipo psicopedagógico de la entidad. Lo explica la responsable de Programas, Marta Miró, que manifiesta que en el último curso la Fundación Impulsa ha atendido a una veintena de casos de jóvenes con problemas de salud mental: Tener una buena salud mental es lo que garantiza que los jóvenes puedan continuar con los estudios y sacar adelante su proyecto de vida y, por tanto, es un aspecto que tenemos muy presente. Ahora mismo, el sistema público en el ámbito de intervención psicológica es poco intensivo y, en el caso de detectar la necesidad, intentamos activar otros servicios, porque la mayoría de los jóvenes no pueden acceder a servicios privados de psicología. En la misma línea, en estos casos desde el equipo psicopedagógico también ofrecemos un acompañamiento a la persona mentora, para evitar que se sienta responsable de la evolución del joven”, detalla. 

 Los programas de la Fundación Impulsa prevén el trabajo emocional con los jóvenes para incluir en su experiencia educativa una visión de la salud mental libre de estigmas a través de formaciones en crecimiento personal y gestión de las emociones 

A su vez, Obertament destaca la importancia de la sensibilización entre los jóvenes, ya que hay datos que reflejan que la realidad en el entorno educativo deja mucho espacio al estigma por razones de salud mental, lo que pone de manifiesto una necesidad de mejora: según el informe El estigma y la discriminación en salud mental en Cataluña 2016, el 18,9% de las personas con trastorno mental han sido discriminadas por parte de algún docente, y el 29,5%, por los compañeros y compañeras. Esto provoca que, por el miedo a ser discriminadas, el 51,3% de estas personas deciden ocultarlo al profesorado, y el 53%, a los compañeros y compañeras, lo que puede comportar la voluntad de retraimiento social o de abandono del centro. Habla de esta situación la directora de la Fundació Privada Horitzó de El Berguedà, Eva Sánchez: “En la comarca conocemos casos de jóvenes con problemas y trastornos de salud mental a los que no estamos atendiendo porque cuesta mucho que hablen; a menudo no son conscientes de lo que les ocurre o no quieren reconocerlo por miedo al estigma. Tenemos constancia de algún caso de aislamiento en casa incluso y, por tanto, es muy importante que se hable de salud mental y que trabajemos en la lucha contra el estigma”. 

Según la OMS, una de cada cuatro personas sufrirá un problema de salud mental a lo largo de su vida, el 75% de los cuales comienzan antes de los 18 años. En los últimos veinticinco años, la situación se hace más patente que nunca, con un aumento del 75% de la depresión y la ansiedad entre los adolescentes. La mayor macroencuesta jamás realizada en Cataluña sobre salud mental en la adolescencia, con una muestra de 267.000 jóvenes de entre 10 y 18 años, revela que el 5,9% de encuestados tiene con frecuencia pensamientos sobre autolesionar o dañarse.